
ENTREGA 31: FRANCAMENTE, SEÑORITA SCARLET…
Algunos fantasmas tienen dificultades para abandonar sus vidas terrenales debido a recuerdos agradables, amores inolvidables, metas no cumplidas, etc. Estos fantasmas terrenales están tan enfrascados en sus recuerdos que no pueden desprenderse de sus vidas pasadas.
Yo estaba sentado en el vestíbulo de los estudios David O. Selznick en Culver City con Danielle Butler, una de mis ejecutivas, pues a las tres de la tarde nos reuniríamos con los productores de televisión para discutir posibles programas para la próxima temporada, David. O Selznick había realizado algunas de las películas más extravagantes y populares del siglo veinte y sus oficinas estaban situadas en el set original donde se filmo la película lo que el viento se llevo. La casa no había cambiado, y de un momento a otro se me pusieron los pelos de punta, sentí una gran actividad de fantasmas en el vestíbulo, especialmente alrededor de la gran escalera de caracol. Yo había estado en muchos estudios de los ángeles, me había comunicado con muchas personalidades fallecidas de la televisión y del cine, quienes llevaban varios años rondando sus antiguos entornos, pero esta era la primera vez que veía tantos fantasmas en un solo lugar.
Miré las escaleras y vi la balaustrada que se extendía por varias oficinas del segundo piso, una multitud de fantasmas vestidos de diferentes maneras deambulaban por las oficinas, un grupo con uniformes caquis subía las escaleras; parecían salidos de una película de guerra filmada a comienzo de los años cincuenta, al mismo tiempo, varias coristas con trajes coloridos bajaban las escaleras.
Le dije en voz baja a Danielle: “definitivamente, este lugar está encantado”. Mire, y en ese instante, una mujer que bajaba las escaleras, con un vestido campesino amarillo y una moña en el pelo me llamó la atención, inclinó la cabeza y siguió caminando, luego bajó un hombre de raza negra. Reconocí al legendario Bill Robinson, que había actuado en La película the littlest rebel, al lado de Shirley Temple.
La cantidad de fantasmas era sorprendente, y cuando entre a la reunión, lo primero que dije fue: “¿saben lo encantado que está este sitio?”, los productores se limitaron a mirarme, pues no tenían idea de que compartían el lugar con fantasmas desde otra época.
El tiempo que pasamos en la tierra es de aprendizaje, desde el punto de vista espiritual, se supone que debemos amarnos a nosotros mismos, no en un sentido narcisista, sino en el sentido de valorarnos como seres espirituales que somos. Estamos aquí para dar lo mejor de nosotros y tratar a los demás con amabilidad y compasión, el nivel humano es una gran escuela, donde nuestras almas pueden aprender y crecer, si podemos entender esto, nuestra transición hacia el otro lado puede ser fácil y divertida.
Eventualmente, los fantasmas terrenales viven todos sus deseos mundanos y quedan con la sensación de querer experimentar más, cuando hacen esto, están listos para pasar a dimensiones mentales y espirituales más elevadas.